jueves, 1 de agosto de 2013

Armonía.

Dejad que mis letras os cuenten, pequeños, la grandeza del arte. Dejad que los ojos absorban cada melodiosa armonía que mis manos puedan escribiros, queridos, y permitid que las sensaciones os retuerzan el alma al contemplar la belleza sepulcral de la concordia.

Y en ese caso os deleitaré, si me lo permitís, con una íntima lección de existencia:

Decidme que no es puro el acto de cerrar los ojos y ver ciegos todo lo que no captan las pupilas. Y que nunca habéis alargado entonces la mano hacia ninguna parte, intentando reconciliaros con el viento en vano. Atreveos a exponer aquí que la vida no es hermosa, intrépidos ignorantes. Estúpidos vivos. Malditos muertos de indiferencia. El hastío no puede formar parte de este texto.
Venid, si os atrevéis a rebatirlo, a discutir si el agua no es magia sedienta de tierra estéril, o si la hierba no crece buscando la melodía del astro rojo y en su compás se quema y marchita. Vamos. Venid, escépticos, que negáis todo lo que no veis porque no veis más allá de lo que negáis, a discutir si no sopla el viento por enseñarle al cielo el constante paso de los hombres o si no suben las mareas porque están enamoradas de los montes e intentan llegar hasta sus faldas.
Reíos si os digo que las tormentas son solo el mal humor de la tierra pisoteada, que patalea con la lluvia todo lo que con los pies no puede. O si aventuro que los pájaros son solo proyecciones de la música en instrumentos vivos.

Todo existe porque nosotros lo creemos de tal manera.Venid ahora a discutirme si la vida no es más bella cuando se pinta sobre el lienzo de los ojos.

jueves, 27 de junio de 2013

¿Sabéis lo complicado que es encontrar un título adecuado para algo como esto? Espero que os hagáis una idea.

Quizá es que encuentre orden en este despropósito de palabras condenadas al olvido. Quizá es que me fascine la calma de las letras reposando en el lugar correspondiente, con el único propósito de dar aliento y sangre al idioma. Puede que sea la paz que me transmiten al leerlas la que me envuelva en el conjunto de cuentos y relatos de esta lengua y que, como una bomba de oxígeno, me saquen del oscuro y hondo pozo sin aire de la vida.
Que sea el hálito de esperanza que exhalan ellas mismas al fundirse con los ojos de quien tiene el valor de imaginarlas.

El señor Bruce es de oro.

Puedes sentir como cada milímetro de tu piel se estremece, como el vello de los brazos hace ademán de cobrar vida propia y la columna vertebral se yergue hasta hacer que incluso duela el cuello. Respiras, por una vez, sintiendo como el aire entra en los pulmones y el pecho se llena plenamente de oxígeno. Estas vivo, estas completa y extasiadamente vivo cuando por fin ves como, tras las tantas horas de intensa espera, —que están a punto de cobrar sentido —el señor, jefe y amo de la música aparece ante tus ojos adueñándose por completo del escenario frente al que te encuentras. Su torrente de voz satura y hechiza tus sentidos sin que quieras hacer nada por evitarlo. No, al contrario, te sumerges en su ola que arrasa por completo el lugar del que se ha apoderado, y entonces la corriente de energía proveniente de absolutamente todas partes hace que levantes los brazos que habían estado muertos hasta ese preciso instante, y ruegues que prenda fuego con su armónica a las miles de personas congregadas allí para verlo. Entonces te das cuenta de que el oxígeno te sobra y podrías vivir para siempre de esa estampa.

En ese momento te sobrecoge la ineludible sensación de que todos los allí presentes son como el gas que espera que una llamarada lo encienda todo. Y te entregas a la explosión sin reparos.

Ahora cierra los ojos y relaja todos los músculos, todos excepto los puños, esos mantenlos apretados como si algo grande fuera a acabar contigo y quisieras morir con una pizca de dignidad.

Estas a punto de escuchar al Boss.

martes, 19 de marzo de 2013

Ella.


Miró un momento sus manos  trémulas, que casi no podían mantenerse quietas apoyadas férreamente contra sus muslos, agarrando la tela de los pantalones tejanos que llevaba puestos. Apretó la mandíbula  con fuerza. Había vuelto a sucumbir a ella, a la única que conseguía hacer que se sintiera una muñeca de trapo, a la única que tenía acceso a sus sentimientos -y a su piel-, que conseguía destrozar su cordura y azotar su conciencia a merced.
Y es que a pesar de que fuera de volátil como el vapor y desapareciera en un liviano pestañeo, siempre volvía para asegurarse de que recordara. Para que el dolor por la ausencia no fuera demasiado, ni se quedara corto. Para arañar con sus uñas de arpía el recuerdo y el amor callado, cada vez que estuviera consiguiendo ahogarlo en el olvido.

lunes, 18 de marzo de 2013

Es como quien ama sin ser amado, o quien besa sin entregarse de lleno a los labios sedientos del contrario. Es como secar sin lágrimas los orbes desgastados o reír sin remedio cuando se produce ese roce desesperado.

Y entonces sucumbir a la caricia tan tierna y morir en su abrazo.

Como quien retrasa el contacto para que se desgaste la distancia y se acorte por pura inercia, como si el baile de miradas fuera en vano.

Como si no fuera a coger tu mano.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Ámame

Y estas manos mías, tan manchadas de lágrimas, se derraman sobre las sábanas desgastadas por tanto lamento y falta de tu tacto, y de tu cara. Ámame ahora que está mi alma contigo y mis ojos ciegos, ámame ahora que no concibo el tiempo más que para sentirte cerca y alto.
Ahora que se detiene mi ser para fundirme en tu efímero abrazo, ámame siempre y apaga el fugaz soplo de la vida y el llanto.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Su pelo eran golondrinas volando en todas direcciones, enredándose y aleteando alborotadas. Sus ojos seguían contemplando el mundo como si nunca dejaran de maravillarse con todas las cosas. Ese brillo de sus ojos azules, casi blancos, que hacían sombra al cielo.