jueves, 27 de junio de 2013

El señor Bruce es de oro.

Puedes sentir como cada milímetro de tu piel se estremece, como el vello de los brazos hace ademán de cobrar vida propia y la columna vertebral se yergue hasta hacer que incluso duela el cuello. Respiras, por una vez, sintiendo como el aire entra en los pulmones y el pecho se llena plenamente de oxígeno. Estas vivo, estas completa y extasiadamente vivo cuando por fin ves como, tras las tantas horas de intensa espera, —que están a punto de cobrar sentido —el señor, jefe y amo de la música aparece ante tus ojos adueñándose por completo del escenario frente al que te encuentras. Su torrente de voz satura y hechiza tus sentidos sin que quieras hacer nada por evitarlo. No, al contrario, te sumerges en su ola que arrasa por completo el lugar del que se ha apoderado, y entonces la corriente de energía proveniente de absolutamente todas partes hace que levantes los brazos que habían estado muertos hasta ese preciso instante, y ruegues que prenda fuego con su armónica a las miles de personas congregadas allí para verlo. Entonces te das cuenta de que el oxígeno te sobra y podrías vivir para siempre de esa estampa.

En ese momento te sobrecoge la ineludible sensación de que todos los allí presentes son como el gas que espera que una llamarada lo encienda todo. Y te entregas a la explosión sin reparos.

Ahora cierra los ojos y relaja todos los músculos, todos excepto los puños, esos mantenlos apretados como si algo grande fuera a acabar contigo y quisieras morir con una pizca de dignidad.

Estas a punto de escuchar al Boss.

martes, 19 de marzo de 2013

Ella.


Miró un momento sus manos  trémulas, que casi no podían mantenerse quietas apoyadas férreamente contra sus muslos, agarrando la tela de los pantalones tejanos que llevaba puestos. Apretó la mandíbula  con fuerza. Había vuelto a sucumbir a ella, a la única que conseguía hacer que se sintiera una muñeca de trapo, a la única que tenía acceso a sus sentimientos -y a su piel-, que conseguía destrozar su cordura y azotar su conciencia a merced.
Y es que a pesar de que fuera de volátil como el vapor y desapareciera en un liviano pestañeo, siempre volvía para asegurarse de que recordara. Para que el dolor por la ausencia no fuera demasiado, ni se quedara corto. Para arañar con sus uñas de arpía el recuerdo y el amor callado, cada vez que estuviera consiguiendo ahogarlo en el olvido.

lunes, 18 de marzo de 2013

Es como quien ama sin ser amado, o quien besa sin entregarse de lleno a los labios sedientos del contrario. Es como secar sin lágrimas los orbes desgastados o reír sin remedio cuando se produce ese roce desesperado.

Y entonces sucumbir a la caricia tan tierna y morir en su abrazo.

Como quien retrasa el contacto para que se desgaste la distancia y se acorte por pura inercia, como si el baile de miradas fuera en vano.

Como si no fuera a coger tu mano.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Ámame

Y estas manos mías, tan manchadas de lágrimas, se derraman sobre las sábanas desgastadas por tanto lamento y falta de tu tacto, y de tu cara. Ámame ahora que está mi alma contigo y mis ojos ciegos, ámame ahora que no concibo el tiempo más que para sentirte cerca y alto.
Ahora que se detiene mi ser para fundirme en tu efímero abrazo, ámame siempre y apaga el fugaz soplo de la vida y el llanto.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Su pelo eran golondrinas volando en todas direcciones, enredándose y aleteando alborotadas. Sus ojos seguían contemplando el mundo como si nunca dejaran de maravillarse con todas las cosas. Ese brillo de sus ojos azules, casi blancos, que hacían sombra al cielo.

sábado, 3 de noviembre de 2012

INOCENTES.


Sus pies descalzos, sucios de barro y polvo de la guerra, cayeron rendidos ante los pies del soldado.
-Mirad- Dijo mientras sacaba del pequeño bolso de sus pantalones raidos un botecito lleno de estrellas de colores.
-Mirad bien- El niño de no más de diez años elevó el recipiente de cristal hasta las rodillas del hombre, que miraba de reojo, impasible.
-¿Lo veis? Está rasgado- El pequeño, de tez oscura, sabe dios si por naturaleza o por manchada de odio, le miró a punto de romper a llorar.
-Vos lo habéis estropeado cuando entrasteis en mi casa y matasteis a mis padres- A duras penas y con la fuerza de sus palabras, la que ya no le quedaba en el cuerpo, se levantó sobre sus rodillas y le miró fijamente a los ojos.
-Pero no podréis romperlo nunca. Ni vos ni los demás señores de hielo-
El pequeño hombrecito miró el recipiente que tenía entre las manos. Todas las estrellas destelleaban emitiendo reflejos que iluminaban fugazmente su rostro.
-Porque son los juegos de los niños, señor, y su esperanza también-

Allí solo estaban ellos dos y el ruido tan callado que deja el silencio de las bombas.

-Pero no llore, comandante, le perdono. Todos le perdonamos- 

Solo se escuchó, por tanto, el susurro amargo del gatillo de un soldado arrebatando la vida ya incierta. Inocente. 

Al caer el alma al suelo, se estrelló el cristal contra el asfalto, rompiéndose ya del todo y desparramando sueños, ilusiones y esperanzas.
Tres palomas mensajeras llegaron entonces al lugar del crimen. Una con el sueño eterno, otra con lágrimas del futuro, y la última, posándose sobre el hombro del asesino, con susurros del pasado.

Allí solo estaban ellos dos. Y el ruido tan callado e impoluto que deja el sonido de la muerte. 

Go ahead.

Crecemos a medida que damos pasos en la vida, dejamos épocas en el pasado que no se repetirán y tomamos decisiones que no pueden ser reemplazadas, que no pueden remediarse. Porque nuestros actos tienen consecuencias que sacuden nuestras vidas, como lazos atascados en las aspas de un ventilador que nunca deja de girar. Tenemos pues dos opciones, luchar contra el viento que es el curso insondable de la vida, o amoldarnos al movimiento de sus aspas, enredarnos a conciencia en su juego enrevesado y consumirnos a medida que nos mantenemos surcando las corrientes, pero no podemos hacerlo girar hacia el lado contrario, no empeñarnos en ser lo que no somos o repetir la vida que dejamos atrás.