Crecemos a medida que damos pasos en la vida, dejamos épocas en el pasado que no se repetirán y tomamos decisiones que no pueden ser reemplazadas, que no pueden remediarse. Porque nuestros actos tienen consecuencias que sacuden nuestras vidas, como lazos atascados en las aspas de un ventilador que nunca deja de girar. Tenemos pues dos opciones, luchar contra el viento que es el curso insondable de la vida, o amoldarnos al movimiento de sus aspas, enredarnos a conciencia en su juego enrevesado y consumirnos a medida que nos mantenemos surcando las corrientes, pero no podemos hacerlo girar hacia el lado contrario, no empeñarnos en ser lo que no somos o repetir la vida que dejamos atrás. Y nunca serás libre, no podrás huir porque te perseguirás tu mismo, te perseguirá la vida que has construido durante años. Estarán los días para recordarte a cada segundo quién eres, quien fuiste y estarán las horas para arrepentirte de haber rechazado lo que pudo haber sido tu eterna juventud. Ya que el amor siempre es joven, o eso dicen aquellos que han vivido eternamente.
jueves, 10 de noviembre de 2011
domingo, 9 de octubre de 2011
Tu muerte
Tú, mirada triste, siempre al borde del llanto, me regalaste una sonrisa, una efímera explosión de libertad que se apagó con el soplo de tus ojos. Me hablaste con dulzura el invierno del 97, un Febrero muerto y gris a punto de acabarse, que daba paso al Marzo que anunciaría tu muerte, la más hermosa de todas. Una muerte que sonrió con sarna a la vida.Nieva ésta noche, y mientras camino por las calles de Manhattan te recuerdo frente al Hudson, admirando las luces que se reflejaban en el río, las luces de la ciudad que amabas. El viento cálido te acariciaba la cara, el viento te adoraba. Te quedaste allí sentada varias horas, con la mirada fija en el infinito, cómo si pudieras ver más allá del puente de Brooklyn, cómo si cada parpadeo de las bombillas fuera un guiño a tu belleza, pero yo te miraba a ti, tan hermosa y tan frágil, tan entera.
Acababas de recibir la noticia, no más de dos meses, no más de tus hazañas. Te ibas.
Pero tu no te aferrabas a la vida, le decías adiós, le dedicabas tu despedida.
Alzaste la mano y cerraste los ojos un segundo infinito. Un segundo para siempre. El segundo más bello y perfecto que pudiste haberle dedicado a tu vida.
Tu muerte.
jueves, 1 de septiembre de 2011
The end
Si supieras la cantidad de veces que el juicio de tus palabras ha robado lágrimas de las cavernas de mis verdes bosques, sentirías que has obrado tan mal, que tus puñales quedarían suspendidos en el limbo del arrepentimiento.
martes, 16 de agosto de 2011
domingo, 10 de julio de 2011
El Sonido del Violín
Fotografía de Emil Zawieja
Caigo dormida de nuevo, los ojos se cierran y no puedo mantener la consciencia más tiempo, dejo que el sonido me envuelva por completo, dejo que se filtre por cada uno de los poros de mi piel y me arrulle. Violín, cuéntame tu historia, cuéntame cómo haces la música mientras duermo, acompáñame al limbo entre la vigilia y el sueño, sé mi amante en la calma del descanso casi eterno, sé mi vida en el lecho de muerte efímera, sé casi completo con mi respiración liviana en el reposo tardío.
Dejo que mis latidos cesen una vez más, permito que entre la paz en mi cuerpo maldito, que la sangre se detenga y regresen a mis recuerdos personas a las que solo yo recuerdo, sus caras se clavan en mis ojos ya rendidos a la noche, y caigo en el silencio que solo la culpa urde en las entrañas, pero se que volveré de nuevo, en algún día gris, triste y frío cómo este, en que solo el violín permita que mi vida fluya y despierte cómo tantas otras veces , algún día cómo éste, algún doce de Enero.
Caigo dormida de nuevo, los ojos se cierran y no puedo mantener la consciencia más tiempo, dejo que el sonido me envuelva por completo, dejo que se filtre por cada uno de los poros de mi piel y me arrulle. Violín, cuéntame tu historia, cuéntame cómo haces la música mientras duermo, acompáñame al limbo entre la vigilia y el sueño, sé mi amante en la calma del descanso casi eterno, sé mi vida en el lecho de muerte efímera, sé casi completo con mi respiración liviana en el reposo tardío.
Dejo que mis latidos cesen una vez más, permito que entre la paz en mi cuerpo maldito, que la sangre se detenga y regresen a mis recuerdos personas a las que solo yo recuerdo, sus caras se clavan en mis ojos ya rendidos a la noche, y caigo en el silencio que solo la culpa urde en las entrañas, pero se que volveré de nuevo, en algún día gris, triste y frío cómo este, en que solo el violín permita que mi vida fluya y despierte cómo tantas otras veces , algún día cómo éste, algún doce de Enero.
sábado, 2 de julio de 2011
Poe
"Escucha, hijo mio, dijo el demonio poniendo su mano sobre mi cabeza..."
Edgar Allan Poe, Silencio.
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